¡GRACIAS!
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lunes, 18 de agosto de 2014
¿Y las perdices de los cuentos?
El verano, un helado, una buen película, una romántia tarde, un abrazo, un beso apasionado, un suspiro, un camino, una tormenta... Todo, todo tiene final, finales tristes, esperados, alegres, repentinos... Pero finales al fin y al cabo. Mi final, y el tuyo; diría el nuestro pero nunca hubo un nosotros y me he prometido contar esto sin decir una mentira o algo que no sea del todo cierto. Ese dichoso final del que te hablo es el causante de que no pueda querer a otro como te he querido a ti, y te quiero, pese a todo. Y es el recuerdo el que me impide mirar a una persona fijamente a los ojos por el miedo de ver en ellos un brillo semejante al tuyo. Por miedo de torcer la boca en forma de media sonrisa como cuando tú lo hacías cuando me acercaba, o como cuando terminabas de separar tus labios de los míos y mantenías mi cara agarrada con tus manos impidiendo que me alejara a más de dos centímetros de ti. Y es que no quiero recordar momentos en cada carta que te escribo, pero acabo haciéndolo, y esta es la carta número veinticinco que no acabo por enviar, y que guardo doblada en foma de corazón al final del primer estante donde aún reposa el marco azul, pero sin foto, me he ahorrado ese sufrimiento, el de tener que verte cada noche dibujado en un papel de fotógrafía barato. Baratos eran los ratos a tu lado, aún que ahora a mi corazón le han costado mucho, no lo digo por el dinero que me gasto en pañuelos para que se suene cuando está resfriado, ya que ahora ahí dentro pasa mucho frío porque ya no tiene tu calor, solo quedan cenizas de una llama a la que repentinamente le han echado un cubo de agua frío por encima. Y así fue nuestro final, como el de esa llama, frío y repentino.
viernes, 8 de agosto de 2014
Carta de despedida.
Te he dicho que te quiero, te lo he susurrado, gritado, y llorado. Te he besado en todas las estaciones del año, en parques, playas y montañas. Te he acariciado, tocado, y abrazado. Contigo disfruté como con nadie, lloré riendo, pero que todo esto se vino abajo cuando en mis lloros ya no había risas, cuando mis palabras se fueron haciendo amargas y la palabra amargura no viene del verbo amar. Me di cuenta de que ya no te quiero. Lo hice cuando mis besos eran cortos y separaba mis labios al instante de los tuyos, cuando no me estremecía al notar las yemas de tus dedos por debajo de mi ropa, cuando me costaba susurrar te quiero, o cuando no esperaba tus mensajes con tanta ansia como lo hacía antes. Ahora estamos en igualdad de condiciones, ni yo te quiero ni tú me quieres a mi, en realidad tú nunca lo has hecho. Pero no te escribo para hablar de ti, ni de nosotros, porque ya no existe un nosotros, o quizá nunca existió y fue algo que yo me inventé para creerme esta mentira, o 'relación' como me gustaba llamarla, te escribo para hablarte de mí, de que ya he recogido las películas de amor que tenía en el salón de tu casa, y ya me he llevado el marco rosa que tenías en tu habtación, la foto la he tirado, el marco lo quiero para tener algo que me recuerde a ti cuando ya haya olvidado tu nombre y la dirección de tu casa. Me costará unos días borrar tu olor de mis sábanas y tu recuerdo de mi mente, pero como ya te he dicho, es cuestión de tiempo que aparezca alguien que me haga sentir lo mismo que tú, pero tranquilo, esta carta solo es para ti, espero que cuando ese alguien llegue lo haga para quedarse, o para evitar que me vaya yo.
Solo quería decirte que no sabré si me extrañarás, que no sabré si me pensarás, pero lo que tengo muy claro es que no encontrarás a nadie que te quiera como lo hice yo.
Solo quería decirte que no sabré si me extrañarás, que no sabré si me pensarás, pero lo que tengo muy claro es que no encontrarás a nadie que te quiera como lo hice yo.
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